¿Deberías optar por la refinanciación de todas tus deudas?

Los hábitos de consumo a los que estamos acostumbrados en la actualidad, aparte de las facilidades crediticias de las entidades financieras, dan lugar a niveles de endeudamiento muy elevados. Por eso, cada vez más, particulares y familias se plantean la refinanciación de sus deudas como la única o más viable solución.

Desde una hipoteca para la adquisición de una vivienda, hasta préstamos personales. Estos últimos, además, destinados a cualquier fin: estrenar coche, las vacaciones soñadas o unos nuevos electrodomésticos. Incluso se suele recurrir con cierta frecuencia al crédito de las tarjetas con las que operamos.

Si a todo esto le sumamos la gran cantidad de gastos a los que se tiene enfrentar cualquier familia hoy en día, las ocasiones en las que se ha de contratar un crédito para llegar a fin de mes son numerosas. Utilizar esta solución se convierte, de hecho, en el único salvavidas.

Pero ¿eres consciente de la cantidad de cuotas que se van acumulando cada mes, y de los enormes intereses que acarrean? En este artículo pretendemos compartir contigo algunos buenos consejos para gestionar lo mejor posible esa acumulación de deudas. De entre todos ellos, su refinanciación es, sin duda, una alternativa a valorar.

Muchos acreedores es igual a muchos problemas

Cuando se tienen muchos créditos y préstamos en vigor, es habitual que al final no se pueda asumir toda la deuda que va venciendo mensualmente. Al llegar a esta situación, los afectados suelen buscar soluciones que no siempre son las más convenientes. Y esto ocurre sobre todo porque no se busca la ayuda necesaria, especializada y con experiencia. Por eso te aconsejamos continuar leyendo, porque en las siguientes líneas aprenderás a distinguir las opciones que más te interesan para resolver este problema. 

En primer lugar, deberías tener en cuenta que hay muchas diferencias en cuanto al coste de cada préstamo o crédito. Lo habitual es que las deudas a muy corto plazo (un año o menos) sean mucho más caras, con tipos de interés muy altos. Por ejemplo, las tarjetas de crédito llamadas tarjetas revolving, que pueden llegar en la actualidad a intereses del 26 %. 

Mientras que las deudas a largo plazo (como los préstamos hipotecarios) suelen tener unos tipos de interés que van desde el 1,5 % hasta el 2,5 %, dependiendo de si son fijos o variables, y de otras condiciones.

En cuanto a los préstamos personales, se encuentran en torno al 7 % y 9 %. Y los llamados créditos rápidos alcanzan, a veces, niveles de usura. Pueden ascender incluso hasta el 150 %.

Si alguien llega a una situación de exceso de endeudamiento, probablemente sea porque tiene créditos y préstamos de diversos tipos y costes. Además, contratados a través de diversas entidades financieras. En estos supuestos, los problemas están prácticamente asegurados. Y la solución más conveniente pasa por dos operaciones simultáneas:

La reunificación y refinanciación de deudas

Poner en marcha estas alternativas se hace siempre de forma simultánea. Por esta razón, se acaba denominando indistintamente a las dos operaciones por el mismo nombre.

La refinanciación de deudas consiste en reestructurar las diferentes deudas que tienes. La finalidad no es otra que poder hacerles frente de una forma asumible para tu situación económica. Lógicamente, sigues teniendo una deuda por ese volumen global, pero sus vencimientos te resultarán mucho más llevaderos.

Esta es una buena opción para disponer de mejores condiciones de financiación. Sobre todo, si tienes problemas económicos y quieres evitar caer en sucesivos impagos. Esto podría tener como consecuencia que acabes siendo incluido en varios ficheros de morosos. Con todos los problemas e inconvenientes que ello conlleva.

¿Qué se pretende al solicitar la refinanciación de las deudas?

Básicamente, mejorar las condiciones de los créditos y préstamos que se tengan contratados. Consiste en negociar con la entidad financiera la mejora de esas condiciones. Ya sea reduciendo el tipo de interés, alargando el plazo del crédito o del préstamo e incluso solicitando un aumento del volumen prestado, para hacer frente a las nuevas necesidades.

Esta figura se denomina técnicamente novación, cuando se opera con la misma entidad. Por el contrario, recibe el nombre de subrogación cuando nuestra entidad no quiere negociar y decidimos traspasar las deudas a una diferente.

Además, puede pretenderse reunificar y agrupar todos los créditos o préstamos. La idea aquí es cancelar todas las deudas que tenemos para sustituirlas por un nuevo préstamo o crédito que las agrupe. Esto aporta una gran comodidad de gestión, tanto para el particular como para la entidad financiera. Porque se paga una única cuota al mes. 

Pero también es posible que, aprovechando esta operación, quieras solicitar a la vez la modificación al alza del plazo de amortización de la deuda. O aplicar a esa única deuda el interés más bajo posible.

Como ves, la casuística es muy grande y hay tantas formas de proceder como deudores. Pero todos ellos han de conocer, también, cuáles son los requisitos básicos para poder acceder a la refinanciación de sus deudas.

Requisitos para solicitar la refinanciación de deudas

En cualquier caso, has de tener presente que normalmente todas las entidades exigen unas condiciones mínimas para llevar a buen término esta gestión. Y lo primero que nos van a requerir es que no estemos incluidos en ningún fichero de morosos. Y que estemos al día con todas nuestras obligaciones de pago por deudas vencidas. Así, se aseguran de que tienen de verdad opciones de recuperar su dinero.

En segundo lugar, se nos exigirá disponer de unos ingresos suficientes y regulares. Solo así tienen la garantía de que podemos hacer frente al vencimiento de las cuotas. Es habitual, además, que se nos exija alguna garantía adicional. O sea, un aval.Y es también necesario, cuando se solicita la refinanciación, que expliques y justifiques las razones que te llevan a hacerlo.

Una vez cumplidas todas estas exigencias, te tocará analizar y aceptar la solución propuesta por la entidad, si de verdad deseas reunificar las deudas con ella. Por ejemplo, es muy probable que tu banco quiera hacer la reunificación y refinanciación mediante un cambio en tu hipoteca. O incluso que te proponga hacer una rehipoteca sobre tu vivienda para cubrir esta financiación agrupada.

Gastos asociados a la refinanciación de deudas

A la hora de refinanciar las deudas y agruparlas, hay varios gastos que es preciso asumir. Lo ideal, sin duda, es que los conozcas todos antes de tomar la decisión.

En primer lugar, solicitar la reunificación de deudas supone la cancelación anticipada de todos los préstamos y créditos. Pues lo que se pretende es suscribir uno completamente nuevo con sus propias condiciones. Ello conlleva, habitualmente, el abono de una comisión por cancelación anticipada, que puede oscilar entre un 0,25 % y un 0,50 %. Ten en cuenta esto para no llevarte sorpresas.

Aparte, como hay que suscribir un nuevo préstamo en sustitución de los anteriores, también hay otros costes asociados a afrontar:

  • Comisión por generar un nuevo préstamo o nueva hipoteca.
  • Gastos de estudio del préstamo: si hablamos de una hipoteca, por ejemplo, los relativos a la tasación de la propiedad que se va a adquirir.
  • El IAJD (Impuesto de Actos Jurídicos Documentados).

Buenas prácticas recomendadas

Finalmente, queremos recordarte que es posible poner en práctica varias buenas prácticas para llegar a estas situaciones. Esto quiere decir que, para evitar un nivel demasiado alto de endeudamiento personal, es conveniente que establezcas ciertos controles. Hablamos de una especie de contabilidad personal, muy sencilla, que te permitirá conocer en cada momento tu situación real. 

También es clave que te pongas límites o barreras al gasto. Las facilidades de financiación que nos dan los bancos y las tarjetas de crédito provocan que gastemos más dinero de lo que en realidad podemos asumir. Para evitarlo, una buena solución es reducir el tope de crédito de la tarjeta. O ponerse límites máximos a cada transacción individual. También puedes cambiar a tarjetas de débito o monedero, e incluso no recurrir nunca a las financieras de préstamos rápidos.

Por último, no olvides valorar el coste real que te va a suponer la refinanciación y reagrupación de tus deudas. Ya te hemos explicado los gastos que conlleva esta operación. Con esta información en mente, has de valorar muy seriamente si merece la pena hacerlo o no. Quizá con estos controles que te hemos aconsejado sea suficiente para recuperar la normalidad.

Analiza bien el nuevo plazo de amortización

Especialmente, queremos aconsejarte que elijas bien el plazo de amortización del nuevo préstamo. Si finalmente decides proceder a la refinanciación de tus deudas, te resultará tentador elegir una cuota mensual más reducida. Así, podrás tener más dinero disponible para gastar. 

Pero, por el contrario, esto implica estar mucho más tiempo pagando. Y asumir muchos más intereses en cada cuota y una menor amortización del préstamo. Por eso, conviene establecer una cuota mensual a la que puedas hacer frente, pero que no alargue en exceso el préstamo en el tiempo.

Por último, ten en cuenta que esta refinanciación de deudas es posible hacerla directamente con tu banco. Sobre todo si todas las deudas las tienes con él. Pero puede resultar interesante cualquier otra alternativa. Recurre a profesionales expertos que puedan ayudarte a tomar la mejor decisión. Ellos están acostumbrados a gestionar este tipo de operaciones y a conseguir las mejores condiciones para sus clientes.